SEVILLA Y SUS ACTUALES “RENOVADORES”
REFLEXIONES EN TORNO A LA TORRE CAJASOL


Sevilla sufrió ya una “renovación” con gran pérdida patrimonial en las décadas “desarrollistas” anteriores a la democracia en las que se consintió una gran demolición del patrimonio arquitectónico sevillano, pudiendo haberse conservado en una gran parte, al ser sustituido y mutilado con intervenciones inmobiliarias de arquitecturas que en nada respetaban el pasado de acuerdo con las tendencias que dominaban. Ello supuso una gran pérdida de la singularidad e identidad Sevillana.

Y tres décadas después de apagados aquellos vientos llegan otros “renovadores” que apuestan por la gran altura que comenzó con aquella época de desafiantes alardes de los edificios neoyorkinos, y de otros que los imitaron, cuando una presión económica desbordante, en espacios limitados y sin valor histórico, empujó a la edificación en altura como un reto para aprovechar cada vez más el suelo y como desafío tecnológico para superar cada vez más las leyes de la gravedad, porque se ha tenido hasta no hace mucho fe en la tecnología y en la máquina que domesticarían a la naturaleza.

La gran altura llegó así a ser representación y símbolo del “poder” económico y tecnológico de aquellas poderosas fuerzas económicas de la triunfante América, y sus imágenes nos invadirían desde todos los medios. Así ocurrió puntualmente en algunos espacios de ciudades con fuerte protagonismo económico-financiero internacional y en otras de menor influencia pero donde esa actividad económica-financiera y el alto precio así adquirido por el suelo tentaban por intervenciones de altura para el mayor aprovechamiento posible del costoso suelo. Y en ciudades de China con agobiante presión económica se ha llegado también a ese “gigantismo” arquitectónico como extemporáneo alarde tecnológico y como presuntuosa necesidad de afirmación de los que aquí llamamos “nuevos ricos”. Pero esa proliferación de la gran altura, que algunos llaman “verticalismo”, se presenta ahora también disfrazada como opción “de novedad” y “de progreso”, por empresarios y políticos, en ciudades de no tanto protagonismo económico pero que les daría un aprovechamiento del suelo antes impensable, además de la seducción que la arquitectura representativa del “poder” ejerce en los que aspiran a él aunque sea como presuntuoso intento de emularlo. Éste es el caso de Sevilla, pues resulta obvio que esa gigantesca actividad económica-financiera con una tan brutal presión sobre el suelo no existen en Sevilla como para demandar una Torre de 175 m de altura.

Pero también en Sevilla concurren circunstancias muy específicas en el espacio del oeste donde se ubicaría la Torre. Pues ese espacio de la Cartuja está junto a una de las dos vías de paso por el río más colapsadas del Área Metropolitana por el alto tráfico generado con el caótico crecimiento urbanístico en el Aljarafe y la vega, lo que ha saturado y colapsado esas vías de paso por las barreras naturales del río y la Cornisa. Y en ese espacio la Torre albergará una gran concentración puntual de actividades y por ello generará en torno a ella una gran concentración de desplazamientos(generados/atraídos), esencialmente en vehículo privado, que agravará fuertemente el gran problema del transporte en esa zona. Y ante ello las propuestas de transporte público frente al privado, la línea METRO 1 al Aljarafe, los carriles bus,..pueden atenuar el problema del tráfico pero no lo harán desaparecer ante esa conformación geográfica y el ya irreversible caos urbanístico, por lo que la atenuación del problema sería en menor medida que el incremento brutal en desplazamientos que esa Torre y otras generará agravando enormemente el problema del transporte en el oeste de Sevilla. Y además contradice frontalmente las conclusiones del PLAN DE TRANSPORTE METROPOLITANO de la Consejería de Obras Públicas, pues éste(págs 26 y 28)diagnostica: a)que el Metro al Aljarafe y el Metrocentro pueden no ser suficientes para cambiar las tendencias; b) que la capacidad de los corredores de acceso actual a Sevilla está agotada; c) que el núcleo central de Sevilla(el Centro Histórico, la Cartuja, Triana, los Remedios y Nervión) carece de capacidad para absorber la movilidad metropolitana si es en vehículo privado,..Y es por lo que esa Torre y otras se deberían ubicar en otros espacios.

Y como la gran altura de la Torre y su ubicación no se pueden justificar con argumentos arquitectónicos y urbanísticos nos tratan de “vender” esa pretendida “renovación” con argumentos de naturaleza ideológica ajenos a tan enorme objeto. Y por ello nos dicen que la Torre va con la “modernidad”, con el “progreso”, con el “futuro”, por la “transformación” de Sevilla,..Y tanto si hacen un juego encubridor como si creen en esas ideas conviene recordar lo que ha acontecido en ellas desde sus orígenes. Pues la primera modernidad del Proyecto Ilustrado que rompe con el pasado y apuesta por un futuro de progreso global se fractura entre progreso económico y realidad social originando sucesivos discursos críticos alternativos contra ella hasta los años sesenta del pasado siglo, en los que ya había quedado muy atrás el capitalismo productivo y del ahorro al ser sustituido por el capitalismo del consumo y del gasto. Y en esos años sesenta ya se percibía la contaminación ambiental(R. Carson), y se hablaba sobre “los límites del crecimiento” económico y demográfico en el planeta(Ward y Dubos), y emergía en los setenta el movimiento ecologista en la política, y el discurso de la ecología humana aportaba ideas como la de sostenibilidad. Y también en esa etapa “post-moderna” se revisa en las artes la ruptura con el pasado y la incondicional apuesta de futuro, y se reconsideran los grandes discursos y proyectos transformadores de la anterior “modernidad”(Lyotard)con creciente indiferencia hacia ellos. Y las fases posteriores las han venido interpretando autores diversos como: “modernidad reflexiva”(Giddens), “segunda modernidad”(Beck), “modernidad líquida”(Bauman), “hipermodernidad”(Aubert, Lipovesky),..bajo una dinámica de cambio feroz e incierta que camina hacia no se sabe qué futuro surgiendo así crisis de futuro, a la par que se ha ido agrandando la “preocupación ecológica”. Y si el discurso de algunas ciencias y tecnologías incidían o favorecían, aunque fuese implícitamente, el continuo progreso y crecimiento económico ello colisiona hoy frontalmente con los discursos de la ecología, la geografía, la ordenación del territorio y otras investigaciones.

Tal secuencia de ideas y actitudes muestra los sucesivos cambios en el seno de la “modernidad”, por lo que pronunciarse hoy en términos de “modernidad”, “progresismo”, “futuro”, “cambio”,...a secas es una total indefinición vacía de contenido bajo la que puede justificarse todo, y sin posible relación con alguna izquierda actual. Pues ya existen algunas muy diferentes ideas y actitudes ante la realidad actual que rompen hoy tan bruscamente con la “primera modernidad” como ésta rompió con el pasado que la precedió. La “primera modernidad” imponía una dogmática y no matizada ruptura con el pasado y huida obligada hacia un futuro de progreso así como la fe en la técnica que resolvería las necesidades domesticando a la naturaleza, y tomándola no como patrimonio en sí sino como medio y recurso inagotable, lo que hizo a la obra arquitectónica moderna indiferente a la naturaleza y territorio, y también ajena a la ciudad histórica. Y hoy existe ya otra actitud y concepción ante el pasado, ante una ya muy dañada naturaleza, ante la tecnología desafiante, ante todo patrimonio, ante la ciudad,..

Fundamentándose en esos nuevos problemas, discursos y actitudes, y con independencia del valor compositivo y resolución de la Torre por parte del autor,.¿se puede afirmar que la Torre no colisiona con los problemas funcionales del urbanismo caótico que ha surgido por el oeste, ni con el problema del transporte esa zona?,..¿ se puede afirmar que es una propuesta que generará sostenibilidad?,..¿alguien puede argumentar que es un objeto que se inserta, integra, dialoga o se adapta con la estructura urbanística de Sevilla y con el territorio de esa zona?,.¿Alguien puede encontrar un argumento urbanístico, filosófico, sociológico, ecológico-científico,...de entre los discursos actuales que pueda justificarla, y que no sea apelar a la indefinición de “modernidad”, “progreso”, “futuro”, “transformación”,..?

Y al no poderse justificar ni la gran altura de la Torre Cajasol ni su inserción en la zona oeste de Sevilla con argumentos arquitectónicos y urbanísticos los arquitectos y profesores que la han querido justificar han debido hablar, mediante grandes frases, de “progreso”, “futuro”, “cambio”, “transformación”, “modernización”,...para Sevilla. Lo que es incurrír en gran indefinición si no es posible precisar los objetivos delimitando qué tipo de “cambio”, qué tipo de “transformación”, qué tipo de “progreso” y “modernización”, qué tipo de “futuro”,..acarreará la Torre sobre Sevilla y cual es el que, por el contrario, Sevilla demanda desde su actual situación. Y los presupuestos que sustentan esos argumentos justificatorios, además de ajenos a la arquitectura, están aún con las ideas y objetivos de la “primera modernidad” y con las arquitecturas del movimiento moderno que se planteaban otra relación con la ciudad, con el territorio y con la naturaleza. Pues tales arquitectos no podrán negar que con los objetivos programáticos de la Torre y su concepción era difícil que pudiese evitarse el efecto que un objeto tan contundente va a tener sobre esa zona de la ciudad, sobre su sostenibilidad, sobre el territorio y sobre el problema circulatorio.

Hay que destacar que el último argumento desplegado por políticos y banqueros es el de los “puestos de trabajo” que crearía la Torre. Pero ocurrirá que las empresas constructoras adjudicatarias de las obras trasladarán su personal fijo a Sevilla y contratarán provisionalmente mano de obra complementaria sólo durante el tiempo de ejecución.

Por todas las anteriores razones la decisión de ejecutar la Torre Cajasol carece de fundamento en cuanto a la funcionalidad del transporte, a la estructura urbanística y escalas edificatorias que han conformado a Sevilla por el oeste y a los discursos, valores y actitudes sobre los problemas de la realidad actual. Es una decisión arbitraria por el interés particular de una entidad financiera, que usa argumentos de la “primera modernidad” para justificar una feroz operación especulativa que no acarrea ningún beneficio para Sevilla. Y para los que crean en ello supone una pérdida de identidad por alineamiento extemporáneo con una “modernidad” ya muy revisada, mostrando así su desconocimiento al querer “transformar” Sevilla de forma burda y despersonalizada.

Es por lo que consideramos que en ese lugar puede ejecutarse otro edificio de semejante finalidad pero cuyo planteamiento deje de estar contaminado por emulaciones de símbolos foráneos carentes de actualidad, y de manera que su menor altura y edificabilidad no impacten tan negativamente ni en la funcionalidad urbanística de Sevilla ni en su perspectiva arquitectónica y patrimonial.


Sevilla, marzo de 2009

Corriente de Opinión Izquierda Socialista Sevilla-PSOE